Hay noticias que no siempre esperas, y el adiós de seres queridos, de gente a la que apreciamos, nos causa un profundo dolor. 

El sábado nos dejó Ramiro Casas Sorando; el Señor Ramiro para mi familia, un hombre de talla tan enorme como su corazón.  Hablo de alguien imprescindible, de un gran hombre, de alguien que me recordaba a un sabio y una bellísima persona.

Del Sr. Ramiro recordaré siempre muchas cosas. En su plenitud te impresionaba en la distancia corta, por su enorme envergadura. Era de esos hombres que daba la mano con fuerza, y eso que ahora, un problema por el azucar en los dedos no le permitía apretarla con la firmeza de siempre. Conducía su Land Rover hasta no hace mucho, y se ataviaba con un sombrero, además de apoyarse en un bastón. Tenía una mirada profunda y un saber enorme; unos ojos que mostraban su bondad. Hablaba con pausa, con gran aplomo, hablaba y enseñaba al mismo tiempo. Los refranes de Ramiro se hicieron un hueco en las páginas de Balcei, y cultivaba ese género con un enorme saber. 

Nunca dejó de mostrarme su cariño, jamás me hizo un sólo reproche, porque sólo me dio consejos. Hablamos de muchas cosas, comentábamos temas sobre Balcei, y últimamente

... (... continúa)