EL DÍA DESPUÉS
Hoy es el día después de la Asambleya, y lo cierto es que no tenía muchas ganas de escribir, si acaso si de pensar, de sopesar las cosas antes de decirlas, de reflexionar un poco y de pensar en el futuro. A quien espere encontrar sangre en estas líneas le invito a que desista, no la encontrará, no es mi estilo, y defiendo el que los “trapos sucios” se laven en casa.
Ha sido una Asambleya de claroscuros, demasiados tal vez, muy agridulce, y que deja un sabor amargo. En lo negativo la minoría de bloqueo a las reformas estatutarias, esas que daban sentido a un grupo, que firmé y voté con mis compañeros de Teruel, y otros muchos que compartían ese criterio de renovación. Esas propuestas, las enmiendas nos dan sentido como grupo, nos alientan a trabajar por el cambio. En lo positivo el asunto Chobenalla, ese aldabonazo en muchas conciencias, el admitir un error histórico y haberlo podido enmendar.
Negativas fueron las listas de voto, los vetos personales, el ver a gente como Azucena Lozano fuera del Comité Nazional. Claros los hubo en alguna pequeña victoria en el reglamento, en los discursos de las candidatas, con mujeres de peso. Me resultó profundamente emotivo el de Lola, y muy convincente el de Nieves. La fórmula del éxito sería sumar a ambas, sumar sus propuestas, dejarlas hablar. Lo más oscuro fue la mañana de ayer y la primera hora de la tarde, los pasillos, la tensión, el ver de nuevo algunos nombres, y es que es hora de dejar el camino libre, de dejar pasar. Queda la esperanza en el paso del tiempo, la necesidad de sumar, porque aquí no sobra nadie.
Me quedo con los pasillos, con los reencuentros, los amigos, las noches, los cigarros en la puerta. Me quedo con la ponencia política, con las negociaciones, enmendantes, transacciones, y con quienes me acompañaron. De ellos debo reconocer su incuestionable valía y su talla. De Valentín Cazaña diré que es un hombre imprescindible en el proyecto de CHA; de Gregorio Briz admiro su temple y su criterio, su serenidad; y el trabajo incansable de Nieves Ibeas, de quien espero que sepa reconducir la situación en aras de ese partido en el que sigo creyendo. Solo es cuestión de hablar, sin más.
De Huesca queda un 45% a 55 % , ese es el resultado, y no puede ser, ni mucho menos, la imagen de la fractura, debe ser la del cambio, la del compromiso de todos, pero sin las imposiciones de nadie; insisto en el renovar, en el dejar paso. Yo me reafirmo en los valores del socialismo y el ecologismo como principios, en el nacionalismo militante y en la autodeterminación como fin. Es hora, insisto de sumar, de aceptar que de Uesca nace una nueva realidad, un nuevo tiempo, y es de esperar que vaya acompañado de gestos. No hay más que escuchar la voz, porque las bases han hablado y han sido un clamor, uniros por el cambio.