20120724091004-181110-205577856236414-500716828-n.jpg

Mi artículo de La Comarca. 

   Lo que más peligroso está resultando de los recortes, es la pérdida de libertad que acarrean. Más allá de la machacona cantinela del déficit, lo que queda de fondo es el ataque a nuestras conquistas sociales. Se está finiquitando un modelo conseguido a base de esfuerzos y sacrificios. Nuestra democracia está herida, en serio peligro, y hay que pelear por ella. Los recortes tan bestiales que padecemos van acompañados de medidas de un fuerte sesgo ideológico. La sanidad se enfrenta a la más que previsible privatización, con todo lo que ello conlleva, un jugoso negocio para grandes empresas, sin que la salud importe. La educación pública agoniza, y al tiempo se potencia un modelo educativo que favorecerá a las élites, para que puedan de ese modo perpetuarse en el poder.  Privar de una paga extra a los funcionarios supone quebrantar un derecho, una conquista; paralizar las ofertas de empleo público alentará las externalizaciones, debilitando de ese modo al aparato del Estado.

    A los ciudadanos nos culpan del fraude fiscal y nos hacen pagar por ello. Pero al gran capital, la iglesia, las grandes fortunas, ni tocarlas.

   La supresión del 30% de los Concejales, es un golpe letal al pluralismo y a la democracia, porque apuesta por la consolidación del modelo bipartidista. Y al tiempo se debilitan las autonomías, mientras se refuerzan las Diputaciones, justo cuando se hablaba de la supresión de estos aparatos del poder político de los partidos. Y para endulzar esta barbaridad destruyen el modelo de Televisión Pública y volvemos a la de partido.

   En fin, vaya panorama, y es que cuando todos los expertos advierten que con tan brutales recortes es imposible crecer, sólo existe una conclusión; nos llevan de forma intencionada al abismo. Autores como Orwell, Huxley o Bradbury no hubiesen ideado una “utopía” mejor.

   La libertad, la democracia no la regalan, se conquistan; peleemos pues por ellas.