Se puede leer un titular en la prensa aragonesa que lo sintetiza todo, EL REAL ZARAGOZA SE MUERE, aparece en El Periódico de Aragón, y es una verdad como un templo. 

Lo de ayer fue algo triste, miserable, fue la escenificación de una agonía, de un enfermo que empeora, de una institución que ni siquiera languidece, que se arrastra, que está enterrando bajo el lodo de la desidia 80 años de historia. Y sientes y compartes impresiones con una aficción hundida, desilusionada por completo.  EL REAL ZARAGOZA SE HUNDE EN LA NADA, dice Heraldo, en la nada de no jugar, de no atacar, de disparar a puerta, de no tener nada de orgullo, ni de coraje, ni de raza.

Y hasta aquí llegó la riada, porque esto no lo salva nadie, esta es la crónica de una muerte anunciada. Piensa uno en ese himno que tantas veces hemos coreado, en ese león del escudo que hoy es un misinico sin más, y se siente dolido, hundido, como ese equipo que agoniza en una primera división en la que parece que no pinte nada.

Por dignidad, por orgullo, AGAPITO vete, dimite, desaparece.