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              Dejo aquí la última columna que mandé a La Comarca 

 

            Hablar de la enseñanza es hablar de uno de los principales pilares sobre los que se sostiene una sociedad. Estos días no dejamos de escuchar la palabra recorte asociada al ámbito educativo; mal iremos si no somos capaces de contener la ofensiva de la derecha más rancia, sobre la educación. Educar es una obligación del Estado, pero es a su vez una magnífica inversión de futuro. Cada euro que le restamos a los presupuestos de educación, supone empobrecer a nuestra sociedad e hipotecar nuestro futuro.

            España fue el hazmereír de Europa tras aquel demoledor informe PISA de 2006, y aún habiendo mejorado, en 2010 seguía 12 puntos por debajo de la media europea. Ninguna de las Universidades españolas se sitúa siquiera entre las 100 mejores del mundo (la primera es la de Sevilla en el puesto 116). Y aún con todo seguimos formando a profesionales cualificados, a jóvenes que dominan idiomas (el principal lastre de nuestra clase política), que son demandados en el extranjero, y que contribuyen al desarrollo de otras economías, mientras permitimos que la nuestra se hunda. 

            España se sitúa a la cola de la Unión Europea en gasto I+D, por detrás de Estonia y República Checa. Sólo países como Chipre, Letonia, Eslovaquia y Rumanía invierten menos. Y aún con todo, aún viene esa nueva hornada de lumbreras que nos gobiernan (muchos de ellos educados en colegio bilingüe y privado) para decirnos que la educación pública es un lastre, y que hay que recortar el gasto en enseñanza. Esa es la biblia del Neoliberalismo, concebir la educación como un negocio, minimizar la inversión y privatizar lo público.

             Ya está bien, no podemos consetirlo. Defendamos una educación 100% pública, basada en principios de igualdad, laica, integradora y socializadora. Esta en juego el futuro de nuestros hijos.