Mi columna de La Comarca 

 

Adormecidos como estábamos ante nuestra cruda realidad, un 15 de mayo la cosa comenzó a cambiar. Desde entonces hasta nuestros días la historia ya se la saben, nuestras plazas se han llenado de gente indignada, de víctimas del sistema, de jóvenes sin trabajo y sin futuro, de una sociedad harta, asfixiada por un modelo económico que practica un capitalismo salvaje.

No tardaron los medios del TDT Party en hacer mofa del movimiento, en hablar de los “perro flautas”, en desprestigiar a los protagonistas, en insultar a los acampados. Y siguieron los palmeros de la derecha, de la prensa más conservadora, que ve como peligra el modelo, como por vez primera en décadas la sociedad española se revela contra algo. Habrá cosas que sean cuestionables del movimiento, pero bajo ningún concepto podemos olvidar que durante este mes de movilizaciones el comportamiento ha sido ejemplar, y la organización modélica partiendo de lo multitudinario que resulta el apoyo. Ahora bien, separemos la paja del trigo, no caigamos en la tentación de la crítica fácil, no seamos tan oportunistas como aquellos que se amparan en la multitud para dar rienda suelta al vandalismo, eso es residual. La violencia no forma parte de ese espíritu que ha llenado nuestras plazas, la violencia ha sido desproporcionada por parte de las fuerzas de orden, que en Barcelona o Valencia se han empleado a fondo.

Mientras que las portadas los de diarios y de los informativos se llenaron de imágenes de las protestas en Barcelona, los diputados del PSOE y del PP echaban atrás en una Comisión del Congreso la propuesta de la dación en pago, para solventar las deudas hipotecarias con los bancos. No olvidemos que eso también es violencia, por complicidad con el modelo y por omitir lo que pide la calle. Es más de lo mismo.