El recurrente tema de la despoblación

Parece que esta semana Jordi Ebole logró llevar al prime time de las preocupaciones españolas el asunto de la Despoblación; fue durante unos minutos, pero se reveló como una importante llamada de atención. Aunque no se hagan ilusiones porque no le importa a nadie; a ese respecto el CIS del mes de febrero es demoledor, como lo vienen siendo los anteriores. De 2.500 entrevistas se concluye que entre los 60 asuntos que más preocupan a la ciudadanía no están la despoblación, ni el medio rural; los problemas de la agricultura, ganadería y pesca no fueron ni la primera, ni la segunda preocupación para ninguno de los encuestados, y sólo un 0,1 % lo señaló en tercer lugar; y lo mismo pasa de refilón con los temas medioambientales.

La vida siguió igual el lunes, martes; como mucho una aparición en los programas de tarde en TV que tratan sobre recetas, coros y danzas; o en el consabido espacio destinado al tiempo tras un temporal en que cuentan lo duro que es (era) el invierno.

Seguimos con la autocompasión por bandera, con el lamento perpetuo; pero a la hora de la verdad, votamos a los mismos que nos ubican en la inacción, en el limbo. Yo no escucho ni una sola propuesta innovadora, ni una sola apuesta de vanguardia. El discurso vuelve a los fondos públicos, y la actual gestión de esos fondos alienta la partidocracia y el clientelismo. Nada que ilusione, siempre con parches y con las mismas soflamas. No nos salvarán quienes no creen en nosotros, ni nos toman en serio, ni en consideración. No mientras se siga legislando desde la ciudad para el campo y mientras se haga con mentalidad mercantil y urbana. No mientras se quieran poner zancadillas y problemas a quienes hemos elegido vivir aquí. No mientras se destinen ingentes cantidades a equipamientos que luego no se utilizan, al tiempo que a los emprendedores se les niegan las ayudas de verdad. Nuestros mejores jóvenes se van y no se hace nada por facilitar su retorno.

Hablamos de Laponia, pero no aprendemos de su ejemplar gestión de los últimos años, nos hablan de la Celtibería, pero no miramos a los Escoceses y sus políticas en las Highlands.

Podemos aprender e innovar, o seguir instalados en el lamento. Va siendo hora de tomarse esto en serio. A mi hace años que me preocupa mucho.