Y ahora más que nunca en campaña electoral, con esa continua tomadura de pelo. Hablan de solventar nuestros problemas con inversiones, copian lo mismo en cada elección y ya estamos hartos. Dejo aquí esta opinión.

En esta España de contrastes hay cosas que me ofenden y cabrean a partes iguales. Especialmente el trato que se dispensa a las gentes que vivimos en el medio rural. No se nos respeta, no se nos comprende y no se nos valora. No contamos porque somos pocos, no se nos oye porque nuestros gritos apenas se oyen. Y somos víctimas de politicuchos de despacho enmoquetado, llenos de prejuicios y faltos de cultura.

      El fantasma de la España profunda no ha dejado de existir en Madrid; allí donde todo se pergeña y se decide y donde de todo se informa.  Se habla de los pueblos como algo gravoso, se hace mofa de nuestras tradiciones, se legisla en contra de nuestra cultura y de nuestros intereses. Los mismos que no apuestan por mantener abierta la Central Térmica de Andorra, son los que declararon de Interés Estatal la línea de Alta Tensión Mezquita-Morella, y el ramal desde la propia central. Es de interés estratégico el abastecimiento energético de los polos de desarrollo urbanos, pero no lo es la salvaguarda del medio rural.

      Un buen día alguien se decide a legislar contra la pesca de interior, y amenaza con cargarse la economía de comarcas enteras, como la del Mar de Aragón; otro día se decide que hay que eliminar las Mancomunidades, aunque las haya con un peso histórico y una gestión modélica para cosas tan necesarias como el abastecimiento de agua; o llega la mañana en la que un buen señor se decide a cargarse de un plumazo las pruebas deportivas que se organizan en los pueblos; claro que en este caso el clamor ha hecho detener este sinsentido y rectificar (sin que sirva de precedente) el despropósito.  Luego están las ratios en los servicios,  la infrafinanciación municipal, la falta de inversiones en infraestructuras, la falta de cobertura móvil, de 3G, y el suma y sigue es brutal; y máxime cuando a pesar de todo, pagamos los mismos impuestos que cualquiera, sin una sola ventaja fiscal.  Nada de ello aparecerá en la campaña, ninguno de los 4 grandes popes de la política patria hablará de nosotros, ni de nuestro futuro.  Los votos que importan están en otro lado, aunque no por ello dejarán de pelearse por los de aquí. Ya lo contó como nadie un magistral Delibes en “El disputado voto del Señor Cayo”. Lo triste es que lo escribió en 1978, y muy poco han cambiado las cosas, más bien ha seguido empeorando.