Ayer comenzaba el curso escolar en todo Aragón; una buena noticia para los escolares y para sus familias. Parece que hay un impulso decidido en el ámbito de la educación pública y eso siempre es maravilloso. Pero este inicio de curso escolar también tiene un lado triste, un reverso amargo. En Teruel las escuelas de Villar del Cobo, Terriente y La Cañada de Verich no abren sus puertas. Sus aulas permanecerán cerradas, quien sabe si para siempre. Y esa realidad triste, desoladora, constata la realidad cruda y amarga de quienes viven en los pueblos.

                José Manuel Insa alcalde de La Cañada de Verich y amigo al que admiro, me decía ayer lo triste que era la jornada para su pueblo y lo duro que es que la realidad de imponga. Estoy convencido de que José Manuel no se resignará, ni él ni ninguno de nuestros alcaldes y alcaldesas que viven entregados al futuro de sus pueblos, y que han hecho de la pervivencia de sus escuelas la causa de sus vidas políticas. Pero no lo tienen nada fácil.

                La Despoblación es nuestra lacra, es nuestro peor enemigo y esta es una lucha desigual. Nuestros pueblos pequeños compiten en franca desigualdad porque no pueden ofrecer lo que las cabeceras comarcales, o por supuesto las ciudades. El titular de cualquier medio de comunicación debería de ser estos días el cierre de las escuelas; es el único modo de crear cierta conciencia sobre el problema y no tratarlo como algo accesorio. Y la administración debe asumir su incapacidad para resolver este problema que requiere de algo más que inversiones. Se precisa un plan integral, medidas de choque y un compromiso inquebrantable con el futuro del medio rural. Sin niños y niñas no hay futuro, no hay mañana. Lo peor de todo es que el mañana de nuestros pueblos es hoy y las oportunidades se van agotando.

                Ojalá que entre todos seamos capaces de vencer a esa realidad que se impone y mantener abiertas las puertas de las escuelas y de nuestro futuro. No podemos permitir más portazos a la esperanza.