Asistimos estos días sobrecogidos a la crecida extraordinaria del Ebro, un hecho que pese a sus precedentes, parece habernos cogido por sorpresa, lo que pone de manifiesto la incultura generalizada en lo que a la gestión (comprensión) del ciclo del agua se refiere. De entrada porque solo unas autoridades incapaces no prevén que al peor temporal de nieve en décadas, le seguirá un deshielo en consonancia; sólo desde la torpeza no se anticipa y actúa con previsión. Sólo desde esa incultura alguien puede llevarse las manos a la cabeza cuando el rio vuelve a su meandro en Ranillas.

            En la cúspide del despropósito, por encima de la DGA y el Gobierno Central, la CHE. Poco se entiende en estos tiempos la gestión obtusa y rancia, lenta y previsible de la CHE. La CHE es una institución que pide proyectos que calculen las avenidas extraordinarias de los 1.000 y 500 años a la hora de sustituir la pasarela de un río, pero no impide levantar granjas, viviendas e incluso residencias de ancianos en llanuras de inundación; Una institución que tarda año y medio en autorizar una limpieza controlada de rivera o la poda de chopos, cómo va a anticiparse a algo así.

Poco avanzamos si seguimos sin comprender que los ríos reclaman tarde o temprano lo que es suyo, que como dice mi amigo José Manuel “las aguas vienen de vez en cuando con las escrituras en la mano”. Hubo un tiempo en que los hombres y los ríos convivían y se entendían, hoy parece que son dos desconocidos. Lo que no valen son los parches ¿Alguien puede creer que un dragado evitaría lo de estos días? ¿No es más razonable el refuerzo, e incluso retranqueo de motas, la limpieza de la suciedad acumulada en las riveras, aumentar los puntos de control y aplicar el plan del Ebro de 2005?

El colmo de la imbecilidad se lo otorgamos a los ventajistas del trasvase, los oportunistas que lo piden estos días; no entienden nada. Cuando lean esto el Gobierno aprobará un paquete de ayudas económicas, otra cosa será cuando se cobren, si es que algún día se cobran. Pues ya está. Y hasta aquí llego la riada, ahora a esperar otra.