MI última columna de la Comarca. 

La barbarie yihadista de estos días con los dibujantes de Charlie Hebdo nos pone a los occidentales frente al espejo de nuestra hipocresía. Vivimos en un mundo “civilizado” al que amenaza la incivilización, la propia y la ajena. Hemos sembrado el totalitarismo y hemos cultivado la indiferencia. La izquierda “se la coge” con papel de fumar a la hora de abordar un problema global del que ha sido cómplice. Se saludó y aplaudió el fenómeno de las Primaveras Árabes, sin entender lo que vendría después. ¿Y si a un dictador le sucede un clérigo islamista elegido en las urnas? ¿La defensa de los Derechos Humanos, concluye en el momento en el que se inicia la de los Intereses Estratégicos de cada país?

¿Y la derecha ventajista? Que poco decoro. ¿Es normal que la prensa conservadora española reproduzca las portadas de Charlie Hebdo y las ensalce, cuando cargó contra medios satíricos por hacer humor con la religión o la Casa Real? ¿Invocar entonces a la libertad de expresión es lógico? ¿Hablamos de los mismos franceses  a los que tildaron de enemigos de la patria porque hacían esas mismas burlas con la selección o Nadal?

Hacer en España una exposición en un tono irreverente sobre la religión, organizar una procesión atea es censurado, perseguido y criticado. ¿A quién se invoca entonces, al respeto, a la tolerancia, a los valores patrios? ¿Qué en España se levanten mezquitas financiadas por nuestros “grandes amigos” de Arabia Saudi o los Emiratos Árabes (paradigmas de la democracia y el respeto a la mujer), y que allí se predique en valores consustancialmente opuestos a los nuestros, es lícito porque lo financia el petróleo y el interés estatal prevalece? ¿Por qué permitimos el burka que menoscaba y pisotea los derechos de la mujer? ¿Qué un obispo diga que el tren de la libertad es como los trenes del holocausto, nos suscita la misma respuesta que si un Iman dice cómo pegar a una mujer? Al fin y al cabo hablamos siempre de lo mismo, de fanatismo, de intolerancia. Esos son los verdaderos enemigos de la libertad, de la democracia.

Basta ya de ambigüedades. Yo soy de izquierdas y soy intolerante con la intolerancia. Está en juego la libertad, la democracia, y los fascistas, profesen la religión que profesen, o sea cual sea su nacionalidad, son enemigos de esa libertad. Utilizarán nuestra democracia para destruirla, y no lo podemos permitir.