Mi columna de La comarca

     En la agitación preelectoral que vivimos estos días, los mensajes entre unos y otros se suceden sin interrupción. El descrédito al oponente es la tónica general en un escenario de confrontación dialéctica, en el que los mensajes grandilocuentes se suceden. Entre tanto ruido mediático con sainetes sucesorios, adelantos electorales, deserciones políticas, asesorías internacionales, contabilidades B y otros elementos que se entrecruzan con las encuestas siempre de fondo, soy incapaz de escuchar algunas de las cosas que como ciudadano más me interesan.

      Oigo hablar poco o nada sobre el futuro del medio rural; poco o nada sobre Aragón, sobre Teruel; poco o nada sobre cómo definir un nuevo modelo que se ajuste a nuestra realidad demográfica y territorial; lo poco que oigo me chirría demasiado, porque venir desde Madrid como hizo Rosa Díez (regeneradora de la política desde hace 40 años) para afirmar sin rubor que en Aragón lo que sobran son comarcas y municipios, me parece un insulto a la inteligencia. Una desmesura de quien se reconforta con su visión urbanita del mundo, sin atender a los matices, a los hechos diferenciales y a las realidades territoriales.

El caso es que se lanzan mensajes, se apuesta por dar impulso al cambio, pero no se entra a debatir en profundidad sobre nuestros pueblos, sobre el futuro de quienes vivimos aquí; nada sobre agricultura, sobre ganadería, sobre gestión de montes y masas forestales, nada más allá de decir que sobran los pequeños Ayuntamientos. Nos hemos dejado muchas cosas en el camino, pero hay que seguir clamando por nuestros pueblos, sus gentes, los pocos jóvenes que quedan, la escuela rural, la sanidad… ¿Alguien nos ha dicho cómo deshacer semejante entuerto; alguien nos ha planteado como devolvernos los servicios públicos que nos han arrancado a las gentes de los pueblos? Milito en CHA, un partido pequeño, de esos que tienen muy poca voz, pero mucha alma; me quedo con quienes reivindican lo que SOMOS, y aquello a lo que tenemos derecho, me quedo con quienes ponen voz a mi descontento como aragonés, ciudadano de izquierdas y militante por lo rural. Me quedo con quien conoce nuestra realidad y lucha por el cambio.