De mi columna en La Comarca el viernes 6 de diciembre. 

Se celebra hoy el 35 aniversario de una Constitución que se nos ha quedado corta. Una Constitución vieja, hecha para la sociedad y la realidad de otro tiempo, que cumplió con sus cometidos, pero que ya no da más de sí. Una Constitución que en 35 años sólo se ha reformado una vez, con alevosía y nocturnidad, por PSOE y PP, a instancias de Zapatero y para recortarnos derechos y libertades como Estado.

         Una Constitución que no blinda a los ciudadanos de estos abusos, pero sí que blinda a las clases políticas. Que ampara a los poderes de siempre y abusa de la ciudadanía. Que permite que las mayorías absolutas hagan uso y abuso de un ilimitado poder para reformar las instituciones, para socavar la autonomía municipal o privatizar recursos públicos. Un texto que ya no nos garantiza a todos el acceso a la sanidad universal y gratuita, ni el acceso a la vivienda o a la educación en igualdad de condiciones. La Constitución actual permite la politización indisimulada del poder judicial, el mercadeo de puestos en las altas instituciones del Estado y las prebendas ilimitadas para los políticos. Legislan para llevarnos a los juzgados por protestar, por defender nuestras ideas con la razón, pero dejan en la impunidad a la Infanta, a los Gürtel, a Fabra y a toda la sarta de cuatreros que han saqueado las arcas públicas sin ningún pudor.

            Tal es la cortedad de miras de quienes nos han gobernado hasta la fecha que sólo se ha planteado una reforma para garantizar el acceso de la mujer al trono; se habla de perpetuar la monarquía, cuando una mayoría social preferimos la República. Tampoco se escucha a esa ciudadanía que desea un cambio en el modelo de Estado, un cambio integrador que avance (en mi deseo) hacia lo Confederal; que integre y no separe. Ni se tiene en cuenta a quienes alzan la voz para reconsiderar las relaciones iglesia-estado; se cuestionan las pensiones, pero no los planes de pensiones de diputados y senadores; se permite que las rentas altas paguen lo menos posible, pero a los asalariados se nos sangra a impuestos. Con esto y mucho más, ¿Creen que tenemos algo que celebrar?