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            Bueno, pues ya está. Misión cumplida. Lo que hace 3 meses parecía un sueño, hoy ya es una certeza más. Lo que me parecía imposible el 17 de junio, ya no lo es un mes y medio después. Ya tengo mi Trail en el bolsillo, ya ha caído mi primera carrera de montaña de verdad. Nada de lo que había hecho hasta la fecha se parece a esto.

            Tras la carrera de Montaña de Alcaine, dejé de correr un par de semanas por la dichosa tendinitis (10 de marzo), y luego en mi viaje a París padecí un esguince que se complicó en la rehabilitación y que me impidió correr hasta ese 17 de junio. En abril supe del Trail del Aneto por mis amigos Raúl Leorza y Chusé Hernández; me decía a mí mismo que en 3 meses preparaba la Maratón de las Tucas, y ahí estuve esperando, semana tras semana, a que mis dichosos soleos y los tendones me diesen tregua. Pero no llegaba el día, no había manera de entrenar y mi ilusión se desvanecía. Por fin el 17 de junio probé 45 minutos y me vi en condiciones; el 19 1.15 min…alguna que otra molestia, mucho estiramiento, y a seguir. Por las tardes Alcorisa-La Mata de los Olmos por caminos, 18 km. y buenas sensaciones.

            El 17 de julio me decido a inscribirme, pero pese a que Raúl  y Dani Ayala (acabó el 18 en la maraton) insisten en que pruebe con la Maratón de las Tucas, mi sentido común me dice que no me embarque en imposibles, que tiempo habrá el año que viene, y que no quiero que nadie se amargue el día por mí.

            Me dedico a hacer tiradas de dos horas, el 22 salgo por última vez. Procuro no pensar mucho en la carrera, miro el perfil y poco más. El 26 y en familia marchamos a Benasque. Tan confiado y tranquilo iba que pensaba que la carrera era el sábado; mi amigo Chusé Hernández, responsable de aquel cotarro, me advierte de mi error, y me dice que es el domingo. Pues nada, a esperar. El sábado lo pasamos animando a unos y otros, a los ultrahombres y ultramujeres del Gran Trail, del Trail, de la Maratón….que pasada! Como se agradece el aliento en esos momentos, que bestias que son.

            Por fin el domingo llega el día, y suerte que mi amigo Raúl me da algunos consejos; me deja su chubasquero (el mío lo olvidé en Alcorisa), me deja una loción para las rodillas, me aconseja sobre los ritmos, sobre el uso de geles. Y a las 9 en la Avenida de los Tilos, a la cola del pelotón, y viendo el panorama; gente muy, muy preparada, de lo más competitivo, y gentes como yo, a verlas venir. Comienza la carrera, ambientazo, y para empezar cuesta abajo hasta Anciles; voy tranquilo y pasando a gente, aunque debería de haber corrido más. Llegados a Anciles entramos en una senda, puro bosque de montaña; estrecha, muy resbaladiza por la lluvia, embarrada, y donde es más difícil adelantar que en Mónaco. Si hubiese apretado más en la salida, hubiese ido adelante del pelotón, sin tener que resignarme a ir al paso de los de delante; si podía adelantaba en curvas, pero a riesgo de caer.  A los 40 minutos me acuerdo y me tomo el primer gel. Las rampas normales, alguna durilla, pero sin asustar. Lo divertido era saltar los pasos de agua; y así llegamos a Cerler-Molino, en el 4.800, avituallamiento, como sandía y bebo; y de repente alzo la vista y me encuentro con las pistas de esquí; resulta que tocaba subir por ellas; las rampas ya eran más exigentes, la senda sobre la hierba; paso a 6 o 7 y veo que aún queda más subida. En ese tramo nadie de los que veo corre, todo es andar. Cuando coronamos, nos metemos por una pista de unos 1.500  metros, vamos corriendo y adelanto a otros dos o tres. Toca cruzar una torrentera de esas que bajan con fuerza, lo intento sobre las rocas, me deslizo y al agua, hasta la cintura! Qué bien que me sentó, que fresca y buena para mis piernas; sin parar sigo para delante y durante un par de kilómetros vamos corriendo; me junto con un madrileño al que veré muchas más veces, porque espera a un compañero; me dice que ya queda poco, unas rampas y a bajar. Yo tan iluso llego al Ampriú, final de etapa de la vuelta; me encuentro a una pariente lejana que espera a su novio, que cosas…me anima y me paro en el avituallamiento; entonces miro hacia arriba y veo lo que queda, o lo que la vista me alcanza; 1,9km que asustan por el desnivel; me lo tomo con calma; subida empedrada, muy técnica y con porcentajes de no menos del 30% y picos del 40%. Decido subir firme, a ritmo y sin parar; me tomo otro gel;  llevo 1.40 min. me digo que tengo que coronar antes de las 2.15; veo la serpiente multicolor por delante; vuelvo a pasar a gente; me animo con algún grito, me digo que estas zapatillas son cojonudas, vamossss y justo en el último tramo, el más duro, me adelante un corredor que sube corriendo y me deja acojonao; se para y le hace una foto a su novia que viene detrás y me pasa también; les digo que si tuviese fuerzas les aplaudiría. Al poco me pasa otro hombre mayor que parece un Barreiros por como respira. Un empujón y cima!! Madre mía que sobrada: estiro los soleos durante dos o tres minutos;  como melón, sandia, bebo agua y sin pensar mucho más, me lanzo al descenso.

            Voy sólo y durante un rato me alcanza a una mujer de más de 40 años, que en Anciles dijo sentir un pinchazo (menos mal…); hablamos y me dice que corre mucho por allí, que su abuela es de Orihuela del Tremedal…y se me va, porque lesionada y todo, pero como corre la tía. A mí esto de bajar me carga mucho, así que hago lo que puedo, me pasan 3 en el descenso por la pista de tierra y de nuevo me uno al madrileño, al que volveré a dejar al llegar a la cota 2.000; allí me paro con un chaval que estaba estirando y dolorido; me dice que va pinchado, y que siga; desde allí una bajada vertiginosa, por prados, con enorme desnivel, que empiezan a notar mis cuádriceps; en ese descenso me pasan 4 corredores, pero los tengo a tiro. De nuevo avituallamiento en Cerler, dicen que quedan unos 5 km. y yo veo que puedo bajar de las 3.30, así que apretó y paso a otro corredor antes de llegar a la senda; y allí me uno a los que me habían pasado, un chico y una chica; voy con ellos, pero no los puedo pasar, y tampoco me apetece hacer la cabra y caerme, así que voy un poco “frenado”, cuando veo Benasque entre la vegetación llamo a Natalia y le digo que estoy llegando; no se lo cree, je,je,je, me esperaban más tarde. Estoy un poco nervioso mirando los tiempos, porque quiero pasar a la pareja y no puedo, y nos han hecho tapón otros dos, y vamos en un grupeto lento.

            Por fin llegamos al polideportivo y no lo pienso, los adelanto y paso a otros dos corredores más, llego a la Avenida los Tilos entre aplausos, ambientazo, niños que te chocan las manos, y busco con la mirada a Natalia y los niños; justo a unos 30 metros de meta los veo; los cojo, les beso, cargo a Adrián sobre mi brazo, le doy a Lorién la mano y cruzo la meta. Bien!!!!

            En el crono me dan 3 h. 28 min. en el mío me salen 3.27, pero me da igual. Me siento genial, no acabo cansado, y estoy con mis hijos y Natalia; estoy chutao de endorfinas. Lorién luce orgulloso la medalla, yo me tomo una ambar y me abrazo a la gente que llega detrás de mí. Gracias a todos, a todas, a mi gente, a Natalia que me animaba, a mis niños que son mi mejor motivación, a mis compañeros y amigos Fondistas que me jaleaban en la distancia; a Dani, a Raúl, que lujo de consejos.

          De la organización no tengo nada que decir; sí que hay carreras mucho más pequeñas en las que miman más al corredor, pero yo no fui a Benasque en busca de mimos. El aplauso del público ya era suficiente. Sabía de mis límites, y sabía que con mes y poco de preparación, no podía hacer la maratón, si acaso arrastrarme, pero nada mas; veo que hay mucho tarao que se piensa que es Kilian Jornet, y creo que todo esto es más serio. 

            Ahora, con los dos días que han pasado, pienso en lo bien que me vino no obsesionarme con trazados, tracks y demás historias que me hubiesen condicionado mucho; sabía que era duro, y me había preparado para ello; no sabía que era tan duro, pero he vencido a la montaña, a pesar del dolor de hoy en mis cuádriceps, a los que cargué sin contemplaciones en los descensos. No había hecho, ni imaginado algo parecido, pero volveré a por más. Nada como sufrir en la montaña, buscar el consuelo en los paisajes, en el aplauso espontáneo, en el corredor que llevas delante. Nada como sentir esa brisa, el agua, nada como el aire libre.

            He decidido que yo de mayor quiero ser corredor de montaña.