Estamos asistiendo estos días a una sucesión de despropósitos en lo que a la gestión de la crisis del carbón se refiere. El escenario cuenta con varios “frentes” abiertos; el político, el social, el económico, el periodístico. De fondo lo que queda es un drama, el drama de unas comarcas abocadas al cierre, de una esperanza que se va perdiendo poco a poco. Lo que se constata al fin y al cabo es un fracaso, el fracaso de un plan que por su pésima gestión ha sido incapaz de revertir la situación. Se ha alentado una economía subsidiada, una economía ficticia, porque los puestos de trabajo que se destruyeron, no han sido repuestos, porque el dinero de las prejubilaciones no se ha traducido en inversiones, y porque el dinero de la Mesa de la Minería, ha sido dilapidado.

            En esta contienda, hay quienes libran su batalla política, abanderando una lucha, que en 2010 no quisieron secundar. Quienes hoy van  de “víctimas”, salieron a la calle por aquel entonces para gritar contra aquellos. El uno por el otro y la casa sin barrer. Esta es la crónica de una muerte anunciada, de un languidecer continuado. Que triste es tener que padecer a esta casta política tan pobre, tan subyugada al aparato de sus partidos.

      Cualquiera que observe desde fuera lo que acontece, y que carezca de información se topa de bruces con dos realidades. La primera la de las prejubilaciones, que son impopulares entre quienes no las disfrutan,  y de las que podríamos decir que son por su cuantía injustas, y máxime en estos tiempos. La otra realidad es que desde que comenzó el MINER han llegado a las comarcas mineras turolenses más de 1.000 millones de euros para reconvertir el sector. Bien gestionados, habrían podido sustituir los 5.000 empleos destruidos, y crear otros tantos indirectos. Habrá quienes desde fuera digan que no hay porque quejarse, que hemos sido afortunados, y que la culpa es nuestra. Asumamos que tienen una parte de razón.

             Verán ustedes, la mesa de la minería, responsable de aprobar y financiar los proyectos,  es y ha sido un órgano político, un lugar en el que se decidían sin criterios técnicos las inversiones. Un mero intercambio de cromos, gestionado por PP y PSOE con la complicidad del PAR y el visto bueno de IU, en el que los sindicatos UGT y CC.OO también han jugado un destacado papel. Fruto de aquella gestión se constata un fracaso en esos polígonos industriales desiertos que siembran de pesimismo el futuro de Teruel. El dinero se destinó a pabellones que hoy albergan verbenas veraniegas, al arreglo de iglesias, de ermitas, de caminos, a alguna que otra plaza de toros, piscinas…se alentó un modelo económico vinculado casi en exclusiva a otro tipo de minería, la de arcillas, y a la construcción…sin apostar por modernizar o innovar. Se primó los intereses de grupos empresariales que siguieron cultivando la subvención, rechazando cualquier innovación, y viviendo de la renta. El Estado y el Gobierno Autonómico se evitaron las inversiones en infraestructuras, porque durante este tiempo las dotaron con el MINER. Y así es como nos ha ido. Hoy Teruel y sus cuencas mineras se asoman a un futuro incierto, a un horizonte muy negro. Entre tanto no se ha invertido en el dichoso I+D+I, y así estamos; no se ha avanzado en la captura de CO2, no se ha avanzado en la gasificación y quema subterránea del carbón; no se ha apostado por una ordenación de nuestros recursos; los jóvenes que marcharon para estudiar, no tienen dónde regresar, no hay dónde trabajar. El dinero ha pasado por nuestras manos, y el dinero se ha “malfurrido” que se dice por aquí

            El horizonte es negro. España no apuesta por la investigación, y el carbón no puede formar parte de una reserva estratégica si sigue siendo contaminante; al final y como siempre tendremos que morir al palo que diga Alemania, dónde lo gestionan bastante mejor. Hay que ir más allá, hay que evitar la hipocresía de permitir que se cierren nuestras minas, pero sigamos quemando carbón; que nos carguemos a nuestros mineros, y de paso sigamos alentando la minería en el tercer mundo en condiciones infrahumanas. Si no compramos “Diamantes de sangre”, no quememos carbón Tahilandés o Surafricano, apostemos por el nuestro, y apostemos por el nuestro del modo más limpio posible. El 2018 está muy cerca, el futuro 2025 para la central de Andorra también, y después…..

            Me imagino que en 2016 o 2017 seguiremos igual, unos culparán a los otros, y no avanzaremos nada, porque el drama sigue. Porque el drama de la minería es el pan para hoy y el hambre para mañana, porque el futuro no se despeja, porque no hay alternativa, porque no hay un plan B. ¿Qué haremos entonces? ¿Nos rasgaremos una vez más las vestiduras, o no esperaremos a que llegue ese día y actuaremos ya mismo? El tiempo se pasa que da gusto, y quienes hoy van de héroes, mañana pueden ser villanos. La hipocresía política es esto, sucedió con Yolanda Casaus a la que salvó la campana en el último minuto con el Decreto del Carbón, y sucede ahora con Mamen Azuara que ha cometido el desliz de su vida, algo que la marcará para siempre, porque la osadía puede ser un pecado, lo mismo que el atrevimiento, si luego no se cumple con la palabra dada, y ese lastre pesará por siempre; ha faltado a su palabra, y eso no se olvida.

            La historia se repite, pero habrá que ver si lo seguimos permitiendo. Si seguimos confiando en el mismo modelo, apostamos por otro, o elegimos otro camino. Empecemos por exigir que lo poco que queda del plan MINER, al menos de momento, lo gestione una mesa de la minería exclusivamente técnica; dejemos de invertir en iglesias, pabellones y plazas, y apostemos por un empleo nuevo, un modelo diferente que permita a los turolenses, los pocos que quedamos, vivir de lo que da esta tierra, con la premisa de la sostenibilidad, pero al fin y al cabo de lo que nos da esta tierra. En CHA lo tenemos muy claro. Y hoy por hoy lo ensencial, lo que de verdad importa, es defender sin ambages el futuro de los mineros en activo, reclamar que sigan trabajando, no ceder. Y sobre todo no olvidar que detrás de estas protestas hay un drama humano, no caigamos en la demagogia, en el discurso fácil e interesado; cada día que pasan en huelga, es un día que no cobran los mineros y sus familias, y ya son muchos. Cada día que el conflicto sigue vivo los políticos siguen cobrando y alentando sus esperanzas de seguir medrando y viviendo del escaño; esa es la diferencia, a unos les va la vida, a otros el cargo. Me quedo hoy y siempre con los obreros.