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EL TRIUNFO DE LA MEDIOCRIDAD

Tal y como nos habían prometido nuestros próceres aragoneses, a partir de septiembre se iba a iniciar el desarrollo del Estatuto de Autonomía Aragonés, y en solo cuatro días desde que ha dado comienzo el curso, ya nos han dado sobradas muestras de que estamos ante una reforma estatutaria de segunda división.

Primero aparece Biel para decir que habrá que pedir que en los presupuestos generales del Estado se sea benévolo con Aragón, y no se tengan en cuenta las inversiones destinadas a la Expo. A eso se le llama "mendigar", y no hay otra palabra que lo defina mejor. Si hubiésemos asegurado en nuestra reforma una garantía de financiación, que atendiese a las peculiaridades de nuestro país, la cosa sería hoy distinta. Si nos correspondía un 6 o 7,2 % del total, atendiendo a la densidad demográfica, la despoblación, las distancias, etc, eso que tendríamos, pero no, con ese brillante acuerdo PSOE-PP-PAR-IU lo que tenemos, o lo que nos toca del pastel, pues no lo sabemos y es más bien poco. Imagino que todo dependerá de la generosidad con la que se levante Solbes el día del reparto, pero me da a mí que nos quedaremos con unas migajas. Eso es lo que nos merecemos, ni más, ni menos.

Ayer mismo comparecía Alfredo Boné, tras su reunión con la ministra Narbona. Ante los medios, el Consejero de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, decía que se ha avanzado con el Gobierno Central, y que hay voluntad de desarrollar y firmar un protocolo por el que Aragón se implicará más en asumir competencias sobre las aguas, hasta ahora reservadas al Gobierno central. Esto que para algunos es un triunfo, para otros es una evidencia de la mediocridad en la que nos han sumido, y es que aunque el artículo 72.2 del Estatuto permite un mayor peso de Aragón en los órganos de gestión hidrológica, no nos reconoce ninguna capacidad de toma de decisión. No podremos decidir sobre el futuro de nuestras aguas, no nos hemos blindado ante un posible trasvase y no somos como los andaluces, por poner un ejemplo, como los catalanes o los valencianos, que se arrogan derechos que atentan contra la unidad de cuenca, que deciden y obran en consecuencia.

Pues eso, que ahí tenemos lo que nos merecemos, que a "buenas horas mangas verdes", a buenas horas van a pedir los regionalistas a los de Madrid, y luego aún se sonríen satisfechos. Lo dicho, estamos ante el triunfo de la mediocridad, y este país no se lo merece. 

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