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Otra vez TRASOBARES

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Ya lo he dicho en otras ocasiones, que siento especial predilección por la agudeza intelectual, la fina ironía y la sincera perceción que de la realidad aragonesa tiene el gran José Luis Trasobares, que hoy nos deleita con esta columna en El Periódico. Igualico que lo suele decir Juan Bolea. En resumidas cuentas, que sobra cualquier otra palabra o reflexión, baste con deleitarse en la verdad de Trasobares y huelga decir nada más, solo que si hubiesen más gentes como él, otro pelo nos correría en este país de "cuellicortos".

Reforma fallida

26/01/2007 JOSÉ LUIS Trasobares

Si todas las comparaciones son odiosas, la que se deriva de poner nuestra reforma estatutaria al lado de las de otras comunidades es simplemente patética. Los de CHA han encargado un estudio al respecto y sus conclusiones resultan apabullantes. La cosa ha sido subtitulada "La tercera reforma de un Estatuto de segunda". Le pega.

Nuestro futuro Estatuto va a quedarse bastante por detrás de otros que ya son Ley Orgánica o están a punto de serlo. Tendrá menor techo competencial, facultará menos atribuciones en materia hidráulica (aunque se llegara a mantener ese engañabobos de la reserva estratégica), describirá la identidad de Aragón con fórmulas evasivas y, sobre todo, nos dejará al pie de los caballos en lo que a las inversiones del Estado se refiere. Sólo cabe esperar que en las Cortes Generales lo mejoren, que ya tendría guasa el tema.

Normal. Desde que al inicio de los ochenta nos apearon de la vía del 151, caímos a la segunda división autonómica y ahí seguimos. Por dos motivos: porque nuestros jefes políticos saben que no les corre el contador por mantenernos en la categoría inferior y así quedar bien con Madrid, y además porque buena parte de las fuerzas vivas, los poderes fácticos y la propia opinión pública no ha entendido nunca en qué consiste un Estado descentralizado.

A los aragoneses (como a los pobres castellano-leoneses) nos entra en vena todo ese argumentario de la unidad de España, la amenaza periférica y la insolidaridad regional. Nos creemos estas milongas y no sabemos discernir que tras ellas cada cual barre para su casa: los catalanes... y los extremeños. Nosotros, incautos y apolíticos, actuamos como un equipo de fútbol que aplicase el reglamento a rajatabla, sin falta ni picardía alguna, avisando al árbitro cuando cometiera alguna infracción por descuido y autoanulándose los goles dudosos. Enternece esa candidez. Pero choca que, haciendo las cosas como las hacemos, luego nos joda tantísimo perder los partidos.

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