Ya estamos de nuevo en estos días en los que volvemos a cada instante la mirada al cielo, queriendo evitar la amenaza constante de la lluvia.

Ya estamos con los tambores y los bombos tensados, las túnicas y las galas planchadas, todo listo. Los nervios a flor de piel, el dichoso esguince, las ganas que lo pueden todo. 

 Ya estamos aquí para gozar de estas intensas horas, para sumergirnos en lo que más nos gusta, en lo que nos apasiona, en lo que llevamos tan adentro. Y un año más volverá el ritual en la casa materna, volveremos a vestirnos con mis padres, mi hermano, mis hijos, Natalia.... en esta ocasión también tendremos a Adrián para lucir orgulloso su túnica y tocar con fuerza su tambor, junto a su hermano Lorién. Verles con sus túnicas moradas, con sus tambores de piel, con esa sonrisa, es algo que no tiene precio, que no es comparable a nada. 

 Y ya estamos de nuevo compartiendo con mi hermano las últimas horas antes de saltar a la más hermosa de las escenas, en el más hermoso e intenso de los días, cuando se levante el telón de esa magna obra que es el Drama de la Cruz de Alcorisa.

 La llamada de la Tierra, la llamada de la pasión, late el alma de nuestra Tierra Baja, es la Semana Santa de la Ruta del Tambor y el Bombo, que cada uno vivimos y sentimos a nuestra manera, en nuestros pueblos, pero con la intensidad de quien ama esta tradición.