Pues miren no; no todos somos iguales, no todos llevamos el mismo collar. Hay quienes entendemos y vivimos la política (Que no de la política), con una vocación de servicio a lo público, que aún estando dentro de un partido, no estamos sometidos a él ni a sus órganos de dirección. Yo ni creo en los hombres de partido (me repugnan), ni en lo que llaman aparato. Yo creo en las personas, la trasparencia, en el espíritu crítico y transformador; en lo público por encima de todo. Milito en CHA (dónde se publican los salarios y se renuncia a los coches oficiales) desde los 23 años, lo hecho siempre con una postura crítica, y nadie jamás me ha dicho ni que debía, ni qué no debía decir; faltaría más

          Por eso me cabrea que ahora a todo aquel que ocupe un cargo, por pequeño que sea, se le tache de vividor, o se le meta en el saco del “todos los políticos son iguales”. No, no y no. Yo soy ante todo un ciudadano, y padezco como cualquier otro a esa casta de aprovechados, de parásitos, a esos ejércitos de asesores que no tienen ni pajolera idea de lo que asesoran, y a todos aquellos arribistas que llevan décadas viviendo de las arcas públicas. Yo también quiero acabar con ellos, con los malos, que buenos y honrados haberlos haylos; y quiero volver a romper una lanza a favor de alcaldes y concejales de pueblo, sean del partido que sean, que dan la cara y trabajan por amor al arte. Y lo quiero porque como ciudadano y trabajador, tengo la sensación de que aquí sólo pagamos los que por fortuna aún tenemos nómina, y los que por desgracia no la tienen; el resto parece que se han propuesto saquear las arcas públicas; para ellos amnistías, sillones, sobres, cuentas en Suiza e indultos.

       Acabar con sobres, tesoreros, asesores, con las mentiras, con los fraudes, no va a ser fácil. Hay que refundar el Estado, hacerlo desde sus cimientos, sobre la base de la transparencia. Porque con este Presidente y semejante oposición no vamos a ningún lado, y es que parece que todo lo que nos dicen es falso, “salvo alguna cosa”.