Vivir estos tiempos supone formar parte de uno de los capítulos más negros de nuestra historia, asistir a un proceso de involución como no ha conocido la humanidad. De fondo, unas cuantas manos urden estrategias para subyugarnos a sus intereses, para doblegarnos. De repente esas utopías de Huxley, de Tomas Moro, esas visiones proféticas del futuro cobran vida; unos pocos concentran el poder sobre muchos, quieren alienarnos, negarnos.

Nos suben los impuestos, nos aumentan la jornada al tiempo que reducen nuestros salarios, bajan las pensiones, y lo aderezan con copagos, subidas del IVA, empeoramiento de los servicios, mermas en las prestaciones sociales...y al tiempo llenan los bolsillos de bancos y banqueros, de eléctricas, petroleras, de grandes corporaciones y fondos de capital riesgo, que juegan y especulan con las vidas de la gente.

Nos engañan para que traguemos con la cantinela de una crisis que no hemos inventado; y de soslayo, como si la cosa también fuese con la crisis, se introducen las medidas mas reaccionarias de la historia reciente, emulando y mejorando algunas de las cosas que padecimos en siglos pasados; la justicia dejará de ser universal para quien no pueda pagarla; la educación deja de ser gratuita, se impulsa la segregación por sexos, la historia del Santiago y Cierra España, de esa grande y libre, llega el tiempo de la fiambrera en el comedor, del crucifijo en ristre.

Pisotean a la cultura, cierran servicios públicos; amenazan al medio natural, ningunean a los pueblos, humillan a sus alcaldes, concejales y vecinos; todo está en venta, en este Estado que se desdibuja para convertirse en un ente subastado al mejor postor. Nada se escapa al absurdo, no hay luz en los centros culturales, vivimos en un tiempo en que nuestros Agentes de Protección de la Naturaleza no patrullan los montes porque no tienen dinero para gasolina; asistimos atónicos, indignados a una judicialización de la vida, con la pretensión de recuperar la cadena perpetua, la privación de derechos y garantías, la posibilidad de acusar por simplezas, mientras los criminales que estafan al Estado, se van de rositas por defectos de forma procesales. ¿Volverá la Ley de Fugas, la de Vagos y Maleantes?Recurrir una multa de tráfico de 100 € costará 150 € en tasas; soliviantar y unir a toda la carrera judicial, jueces, fiscales, abogados, es algo que ha logrado un fascista disfrazado de simpático centrista durante años, el gran despilfarrador de la capital del reino, que pretende que ahora paguemos parte de lo que él dilapido. Y le escolta un ministro impertinente, un "iluminado" que parece dormir en brazos de los obispos, que se recrea en la España más rancia, bajo el palio y la indulgencia que le proporciona el poder.

Y en el tablero en el que nos mueven, entre primas, vaivenes, rescates y subterfugios, se envilece un proyecto que se llamó Europa, y se mercantilizan las vidas de sus ciudadanos. El norte y el sur...

Pero habrá que llamar a la primavera, a la luz, llamar a la rebeldía, al sentido común; habrá que poner en pie a los pueblos unidos contra los tiranos; los de siempre, la historia de siempre, los de arriba contra los de abajo; ellos nunca han querido al pueblo, sólo lo han utilizado. Y quienes callan, quienes miran hacia otro lado, quienes no hablan, son cómplices de este despropósito, y habrán de pagar por ello; la llamada de las urnas es hoy un anhelo, es un grito de socorro, lo único capaz de salvar con un cambio a la democracia que se nos muere. Usemos esta ventana abierta al mundo, las redes, para clamar, para gritar contra el esperpento, para socavar los cimientos de este mundo corroído por la codicia y la inmundicia de los poderosos. 

La mayoría absoluta decía hoy un juez decano da todo el poder para decidir, pero no da la razón.

A las barricadas, ya sean físicas o virtuales!