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Me lo pedía hace unos días mi amigo Dani y tenía ganas de hacerlo. Aquí va una muestra de lo que es una fiesta muy especial para algunos alcorisanos, sobre todo aquellos que somos nietos e hijos de vecinos de la Calle Baja. La Fiesta del Santo Ángel se adentra en lo humano, por cuanto supone para todos nosotros. Mi recuerdo siempre presente para mi abuelo Agustín que me enseñó a disfrutar y sentir lo propio. Hoy mantienen viva la tradición mi abuelo Rafael, mis abuelas Cruz y Pilar,y otros vecinos y vecinas de la calle, como la tía Candida, la Alberta, el tío Jesús y el Antonio, el Wences, Pepe el Andaluz y su mujer, alguno que se me olvida y en la memoria siempre nos quedarán los ausentes, al menos para aquellos que lo hemos vivido desde nuestra más tierna infancia. Para ellos este pequeño recuerdo de la que es y será siempre, la primera Fiesta de Interés Local de Alcorisa.

La Fiesta del Ángel de la Calle Baja, es un acontecimiento singular, una muestra del patrimonio etnológico local, que pone de manifiesto una serie de valores culturales, de la tradición popular y religiosa, y que tiene una gran importancia como ejemplo de la pervivencia de nuestras más antiguas tradiciones.

La celebración se sostiene y se celebra siguiendo un ritual invariable con el paso de los años, y que gira en torno a la adoración del Santo Ángel, patrón de la Calle Baja, y que tiene bajo su advocación a las adyacentes de El Portillo y de Las Arribas.

La fiesta tiene lugar el primer domingo de septiembre, y da comienzo en la actualidad en la mañana de la víspera, cuando las mujeres se reúnen para limpiar la calle y organizar los preparativos de la celebración. A primera hora de la tarde los hombres se desplazan a la “chopera” que previamente ha sido elegida, desde donde tras la pertinente tala, acarrean la cantidad necesaria de ramos como para poder engalanar la capilla. El elemento más reconocible de la Fiesta, es el arco, que se erige sobre cuatro tramadas, cada una de ellas en las tres bocas de la calle (una mirando al Portillo, otra mirando al comienzo por la C/ del Pilar, y por último la tercera de cara a la C/ de la Purísima), la cuarta de las tramadas bordea la hornacina donde descansa el Santo.

El arco lo levantan los hombres de la Calle, y se erige tras atar previamente las distintas tramadas. Finalmente es engalanado con banderines, y se procede a colocar la figura del Santo sobre su hornacina, al tiempo que se iza el farol que ilumina la imagen. Entre tanto las mujeres de la calle, participan apoyando a la logística de la celebración y se hacen cargo del ornamento floral que vestirá el arco.

Al anochecer y a la llamada de una campana que recorre las calles del entorno y del grito de “A rezar al Santo Ángel”, se iniciará el rezo de la novena, que a lo largo de los siguientes días servirá para honrar al Santo, según manda la tradición.

Esa noche y en la calle se servirá una “chocolotada” para todos los asistentes y familiares de la calle, mientras que al tiempo se prepara una cena de hermandad. A los postres de la cena, los hombres de la calle bailarán el tradicional “papelón” (nadie lo volverá a bailar nunca como el Tío Ismael), al compás del
“...y no me lo encenderás,
y ay, pio, y pio y pio,
y no me lo encenderás,
ay pio, ay pio, pa”

La fiesta se prolongará hasta que el cuerpo aguante.

A la mañana siguiente y muy temprano se procede a rujiar la calle con agua, a vestir el arco con flores y al mismo tiempo se corta y humedece la “albahaca” que se repartirá durante la procesión.

Los hombres de la calle parten hacia la iglesia, lugar en el que visten el estandarte con el paño blanco, color que distingue a la calle entre sus vecinas del Casco Histórico. Desde allí y en compañía del sacerdote y al son que marcan la “dulzaina y el tamboril” descienden en compañía del Santo Ángel, asentado sobre una pequeña peana de madera blanca que portan los jóvenes residentes o descendientes de la Calle Baja, quienes inician un itinerario procesional que discurre por la Calle del Pilar. Se acude al arco, en el que a los asistentes a la procesión se les entrega la tradicional albahaca, se inicia un recorrido que además de la Calle Baja, pasa por el Portillo y la Calle Las Arribas, para atravesar posteriormente las Plazas del Cine y de las Escuelas, y concluir tras el breve paso por la carretera en la Iglesia de Santa María la Mayor.

Tras la celebración de la Santa Misa, los vecinos regresan a su calle y a sus casas, y los hombres que han portado el estandarte, los músicos y los porteadores, degustarán unas pastas de la tierra, acompañadas por moscatel y vino de nuez, mientras devuelven el estandarte a sus mantenedoras, que del mismo modo se encargan de la peana y de la imagen durante todo el año. Son las hermanas de la familia Alloza quienes se hacen cargo de esa tarea.

La tarde seguirá con las celebraciones, guiñote, merienda y alegría, en un fin de semana intenso, que antaño detentaba el rango de fiesta grande, porque todavía se documentan y narran las no tan lejanas historias, de los concursos de disfraces, carreras de sacos y las carreras de burros, que tenían lugar en el paseo.

Esos mismos vecinos, acudirán a su cita con la tradición el día 15 de septiembre, para subir el estandarte de la calle a la cima del monte Calvario, en una jornada de fiesta, que recoge aquella lejana tradición, con la que los vecinos manifestaban sus respetos y devoción a Nuestro Señor del Sepulcro.