De mi opinión en Bajo Aragón Digital 

Esta semana y gracias a la filtración de Greenpeace, hemos podido conocer los tejemanejes que se ocultan tras las negociaciones del TTIP, el Tratado Internacional de Libre Comercio que negocian la UE y EE.UU. Por ser breves y concisos, cabría describir el tratado como oscuro, clandestino, beneficioso para las multinacionales y perjudicial para la soberanía de los estados de la UE. Eso es lo que opinan cada vez más personas sobre las negociaciones para crear el mayor área libre de aranceles del mundo.

 El movimiento opositor es cada vez más fuerte, la mayor parte de los detractores, se alinean entorno al movimiento Stop TTIP (Ecologistas en Acción, Attac y hasta 500 colectivos y movimientos políticos, así como sectores de la industria agroalimentaria). El gran temor que les une es que el TTIP busca establecer una cooperación legislativa para responder a las quejas de las grandes multinacionales, que denuncian pérdidas económicas por las diferentes legislaciones. El temor es que esta bajada afecte a toda la legislación que protege los derechos de la ciudadanía y el medioambiente. Por ejemplo, la UE practica una política más proteccionista en cuanto a transgénicos o productos químicos peligrosos que EEUU. Todo esto cambiaría en aras de los intereses de las grandes empresas.

El oscurantismo es el principal problema del TTIP, cuanto más sabemos menos nos gusta. Se negocia a espaldas de la ciudadanía, quieren cambiar nuestro modelo laboral, nuestro esquema de garantías de los derechos de los consumidores o nuestros estándares de protección del medio ambiente o la salud pública. Francia, ya ha dicho que no. Francia se opone, porque la presión social es cada vez mayor, y porque de fondo en este tratado hay una pretensión para que las grandes corporaciones se hagan con el control de todo y por encima de todo. Y lo que es peor, que queden por encima de las legislaciones nacionales, que los intereses comerciales prevalezcan sobre nuestras leyes. Se intuye el objetivo de reconvertir nuestros sistemas europeos de justicia, relaciones laborales, modelos productivos, regulación medio ambiental o de salud pública, para aproximarlos a los modelos y sistemas norteamericanos ¿Cómo vamos a permitir esto?  En España el PP  lo defiende, el PSOE también, y el resto ofrecen una férrea oposición, especialmente en el Parlamento Europeo. Esta es una lucha por nuestras libertades, por nuestro futuro; y si tantas son las bondades del tratado, que se negocie con luz y taquígrafos, a plena luz, porque lo que vamos sabiendo es para echarse a temblar.