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 Un año más y van no sé cuantos, Alcorisa acoge el Cross Memorial Rubén Balfagón. De crío lo corría e incluso gane 4 o 5 medallas por aquel campo de fútbol. Hoy la motivación es muy distinta, participar, colaborar y desde hace 4 años sumar para los Alcorisa Fondistas.

  Este año una gran mañana, y yo que me siento muy cómodo, que bajé un minutico del año pasado, y me quedé en 36´59¨. Pues eso, que ahí estamos. Pero que lo que de verdad me importa es compartir estos ratos con Lorién y Adrián, verles y saborear esos instantes.

  Después de correr, les llevé a casa su camiseta técnica de Alcorisa Fondistas, la que les compré para la ocasión. No hay palabras, que saltos, que abrazos, que alegría; que contentos estaban, daban ganas de llorar de felicidad. Increíble, no sé como expresarlo, pero lo compensa todo. Uniformados y deseosos, nos fuimos al Parque, están nerviosos y con muchas ganas. Todos los niños viven así esos momentos, que de sensaciones. 

  Lorién corría este año con los nacidos en 2008 y los de su quinta, la de 2009; había 55 niños, y el recorrido se me antojaba largo. Les vi salir en la distancia, le animé desde lejos, recibió mis palabras de ánimo, la de Cris, las de sus tíos, su hermano, las de su prima; le vi, y sé que sintió ese aliento, y corrió como un galgo, lo dio todo; cuando llegaba a meta se cayó al suelo, alguien le recogió, le puso en pié y acabó la carrera. Que maravilla, que bonito. Le cogí en mis brazos, estaba sin aliento, estaba rendido, el esfuerzo era considerable para un crío que aún no ha cumplido los 5 años, y que ahí estaba; radiante y feliz, a pesar de que sabía que no había ganado. Entro el 14º, y eso es lo de menos, pero a mí me hizo sentirme tan orgulloso....

   Le llegó el turno a mi sobrina Silvia, con las niñas de 2010; la acompañé a la salida, corrió desorientada al principio, pero corrió como si nada más importase entonces. Otro placer enorme tomarla en la meta y acompañarla con sus padres. 

   Para Adrián no había prueba, pero cualquiera le decía que no iba a correr. Tantas ganas tenía él, y yo por complacerle, que sin darme cuenta le situé en la línea de salida de los niños de 2º de infantil, los de 2010. Adrián con sus dos añitos corrió sonriente, feliz y dichoso. Llego a meta encantado, y yo le abracé con todas mis fuerzas; acto seguido corrieron los más pequeños, pero no importaba.

   Que me podía importar más que verles felices; ellos en su inocencia no compiten, juegan, no buscan la victoria, pretenden divertirse, experimentar; ese es el lado humano del deporte; que hay más hermoso que compartir con tus hijos un rato de deporte, una pasión. Son lo más grande.