El año pasado por estas fechas hablaba de mi primera experiencia por el Aneto cuando corrí la Vuelta al Pico Cerler. Albergaba por aquel entonces la ilusión de correr el Maratón de las Tucas. 

 En cuanto se abrieron las inscripciones, en el mes de marzo, me apunté al Maratón, de modo que no hubiese ni dudas, ni vuelta atrás. Estaba con ganas, y con mucha ilsuión; pensaba por otro lado en si sería capaz de asumir ese reto, de poder cumplir los más de 42 km de recorrido y de soportar esos más de 2.800 mts de desnivel positivo...el recuerdo de la Colladeta de Cerler estaba ahí como uno de esos muros franqueables...con mucho sufrimiento, pero franqueables. 

  Han sido meses de preparación, muchos sábados y domingos de levantarme a las 6 de la mañana, muchos días sin descanso, semanas de 70, 80 y hasta 103 km en mis piernas; más de 300 en el último mes. EL recorrer y sacar los tracks para el Maestrail, en el Maratón de Tablada especialmente, me ha permitido andar a horas intenpestivas, mucho y siempre en buena compañía, y todo suma. 

  Esta todo listo, mis piernas después de pasar por las agüjas y manos de Raúl, creo que por fin descargadas, porque el último entreno las sentí como tablones. Así que allá que nos vamos, el Aneto nos espera.