Mi columna de La Comarca del viernes pasado. 

 

            Me pregunto si alguien con unos mínimos valores morales, puede sentirse satisfecho por esa sentencia exculpatoria en el caso Prestige, que exime de responsabilidades a quienes nos abocaron a la mayor catástrofe medioambiental de nuestra historia. Ninguno de los cargos políticos de la época se sentó en el banquillo, y ninguno tuvo entonces la vergüenza torera de dimitir. El que habló de hilillos de plastilina preside ahora este “prestige” en forma de Estado, que navega a la deriva, sin rumbo y sin credibilidad. El entonces Ministro de Fomento acabó fundando un partido para hundir también a Asturias. Mientras tribunales de todo el mundo han repercutido sobre armadores o petroleras los costes de estos desastres ambientales, los españoles liquidan el proceso sentenciando a 9 meses a un pobre anciano, entonces capitán de barco. Hasta aquí llego la marea negra.

            España es un lugar en el que todo sale gratis. Hundir petroleros, cerrar televisiones tras el despilfarro de dinero público, la Gürtel, los ERE, el accidente del Metro de Valencia, la tragedia del AVE de Santiago…pero cuidado con hacer un escrache en casa de algún político, o peor aún, con mostrarle una alpargata a un banquero al que llamas mafioso y gánster. Entonces el aparato mediático y el político cargarán sobre ti sin piedad, tachándote de criminal y alborotador. La Infanta firmaba todo tipo de gastos de forma inconsciente, y aquí no pasa nada, pero pobre zagal el de las CUP, por decirle a Rato que “nos veremos en el infierno”.

            En la España de hoy, la culpa siempre es de los sindicatos (nunca de la reforma laboral, las privatizaciones, los recortes..) y de la izquierda política (a la que tachan de irresponsable y agitadora, los mismos que se manifestaban con los obispos sábado a sábado) , pero nunca es de Ana Botella o de Wert. Ya puedes liarla con los Erasmus o con la basura, que siempre tendrás inmunidad.  Los próceres de este decrépito reino llevan grabado a sangre y fuego aquello de No Dimitir Jamás. Y así es como nos va. Nunca Mais?