No me gusta que se rían de nosotros, que nos tomen el pelo. No me gusta nada de lo que estoy viviendo, que nos hayan mentido y se regodeen en nuestra desgracia. Que nos recorten todo, que nos quieran quitar todo; que digan que los funcionarios son una especie de ciudadanos privilegiados y que no dan un palo al agua.

Ellos (los funcionarios), entre otros mi mujer, han aprobado una oposición después de muchos esfuerzos, trabajan en la enseñanza por vocación y devoción, por los niños y niñas, y ganan lo que ganan (o ganaban más bien), porque ya no ganarán más, porque no se pueder permitir excesos. Los parásitos que los critican se embolsan todos los meses  entre 3.000 y 6.000 € o más y esos se ganan el puesto por peloteo y por amiguismos, por su santa cara y su carné. No tenéis vergüenza, sois de la peor calaña que se puede conocer. 

Los pobres pensionistas a los que tanto había que mimar por su tradicional tendencia conservadora, ven como les bajáis las pensiones, y como ahora tienen que pagar en la farmacia por aquello que les da salud y les garantiza la vida. Esa pobre gente que ha trabajado toda su puta vida, en muchos en condiciones miserables, para que ahora venga un malnacido que tiene el dinero por castigo, y les diga que se han de sacrificar y tirar para delante con 500 o 600 miserables euros. 

La pobre clase media que ha mantenido a flote este país, y que lo era con salarios de entre 1.200 y 2.000 €  ahora se va a tomar por culo, porque habéis decidido que o se es rico, o pobre, y que habiendo vivido por encima de sus posibilidades (me cago en el malnacido que inventó esa expresión) hay que sudar sangre, y sacrificarse por el bienestar y continuidad de los bancos. 

Privatizareis la sanidad para vendérsela a vuestros amigos, familiares y conocidos; iréis contra la escuela pública para favorecer el gobierno de las élites, en las que sólo quienes más dinero tienen y mejor preparados estén, puedan tener el mando y tomar las decisiones; condenaréis al medio rural a volver a los tiempos de las Hurdes; y nos sacrificaréis a los mercados, porque lo primero es el capital, y luego el capital. Pero lo haréis si os dejamos, si claudicamos, porque esto no es culpa de la crisis, esto es premeditado, esto es la ultraderecha liberal con manos libres. Y por mi parte no lo consentiré, porque con mi dignidad, con la saluda de mi familia, y con el bienestar de los míos no se juega. Y yo por ellos, peleo hasta el final.