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Mi columna de La Comarca

            Queridos lectores: me dirijo a buena parte de ustedes, los que ante una situación como la que estamos viviendo permanecen impasibles y ni se cantean. Eso sí, critican a viva voz a los políticos, y sus políticas, pero a la hora de la verdad no se han dignado a mover ni un dedo.

            Tal vez alguno de ustedes se encuentre en su casa estos días disfrutando de su sueldo de prejubilado o cualquier otro, y ni se inmuta ante la amenaza que se cierne sobre los pueblos mineros, y el más que posible cierre de las explotaciones, con todo lo que ello conlleva. Le diría a usted que piense en sus hijos, nietos, en familiares o amigos, que tal vez no tengan su misma suerte, y cuyo futuro está ahora mismo en peligro. Si yo hubiese sido minero, no tendría el cuajo de quedarme en casa, mientras aquello que me dio y me da de comer desaparece.

            Quizás a alguno de ustedes se la traiga al pairo lo que pase con los recortes de la enseñanza, y argumenten lo “bien que viven los maestros”. Les diría que piensen que la educación es un derecho, una conquista. Que si cierran las escuelas, hacinan a los estudiantes, o suben las tasas universitarias ad infinitum y además suprimen las becas, tal vez sus hijos, sus nietos, no tengan la oportunidad de estudiar, y difícilmente con la reforma laboral que nos ha caído encima, puedan trabajar con dignidad.

            Es posible que usted tenga un pequeño negocio y piense que esta no es su guerra. Pero tal vez el día que cierren las minas, los colegios, los pueblos en definitiva, también tendrá que hacerlo usted, porque se ha quedado sin clientela.

            Sepan, que como decía estos días una amiga, ustedes también son el enemigo, porque quedarse en casa y no dar la cara ante la que nos está cayendo, es incomprensible. Si de algún modo podemos parar todo esto, es con un esfuerzo colectivo, con una unidad incontestable; está en juego algo más que el empleo o la educación, está en juego el futuro. No nos mires. Únete.