Ayer fue un día extraño. Una de esas jornadas en las que te sientes desubicado, como que no sabes cual es tu sitio. Ayer Alcorisa acogió una ceremonia religiosa en recuerdo a las víctimas del accidente del pasado sábado. Me sentí muy orgulloso de mi pueblo y del saber estar de sus gentes, de esa sobrada capacidad que demuestran sus vecinos para crecerse ante cualquier adversidad y hacer las cosas del mejor modo posible. 

 Pero repito que me sentí desubicado. Y lo sentí porque ayer asistimos un incensante desfile de cargos políticos, de rigor protolocario, y aunque ocupé el lugar que me correspondía como miembro de la corporación municipal, en ningún momento tuve/tuvimos ocasión de dar traslado a las familias de nuestra solidaridad, de nuestro afecto y nuestro pesar por lo sucedido. Es seguro que se sentirían muy arropados por tanto cargo, y sobre todo por tanta gente de a pie, pero creo que estas cosas podrían hacerse de otra forma. 

 En cualquier caso, sé del emotivo homenaje que le tributaron sus compañeros en la base de la helitransportada, de esos versos que se recitaron, y de la emoción del momento. Lo injusto es marear a la gente con estos rituales, llevarles de un sitio a otro. Respetemos su duelo, permitamos su recogimiento, y hagamos lo posible porque esto no vuelva a suceder. Lo demás...

 Hoy todo volverá a la normalidad, los políticos aragoneses regresarán a sus quehaceres, a seguir inaugurando (menos mal que queda poco), nosotros retomamos el pulso del día a día, y las familias de Angus, José Ramón, Francisco Javier, Esteban, Rafael, Albert se quedarán con ese vacío inmenso que deja el adiós de un  ser querido.